domingo, 9 de octubre de 2011

Combatiendo el calor

Los incipientes calores del verano no son precisamente lo que mejor se lleva con mi humanidad. Si a eso sumamos el hecho de público y notorio conocimiento de que, en Buenos Aires, lo que mata es la humedad, me auguro para los próximos meses una combinación fatídica. Por eso es menester, antes de que las temperaturas extremas se traduzcan en copiosa sudoración y la consecuente sputza que aleja de mi a todo ser con un mínimo de sensibilidad olfativa, encontrar la forma de mitigar los desgraciados efectos de la météo.

La forma más obvia, desde luego, es equipar el bulín con unos poderosos Carrier y no salir de allí hasta que el día vuelva a estar apto para andar de sobretodo. Pero los que tenemos compromisos sociales y/o laborales que nos obligan a yirar por los cien barrios porteños, debemos buscar algún solaz momentáneo para protegernos de la inclemente meteorología de estas latitudes. Una buena opción es, sin lugar a dudas, hacer una pit stop para degustar un sabroso helado, programa también apto para agasajar de forma casual y divertida a alguna señorita en una noche de verano.

Si bien es poco lo que queda de las más tradicionales heladerías de Buenos Aires (El Vesubio de la Av. Corrientes se caracteriza por su pésima atención, y la entrañable Scannapieco de la Av. Córdoba cerró hace algún tiempo), acá les paso mi podio personal de aquellos lugares donde aún puede degustarse un buen cucurucho sin caer en esas cadenas fashionmarketineras que conoce todo el mundo.

Medalla de oro: Diecci Helados

En el humilde criterio de este servidor, no existe en esta ciudad lugar mejor para saborear un helado en buena compañía que Diecci, en Villa Devoto. Lo que garpa aquí, además del producto en si mismo, es el entorno: un tranquilo boulevard en un barrio residencial, una pérgola ideal para sentarse a tomar la fresca, y un ambiente con evidentes reminiscencias noventistas, mezcla de calidez y retrofuturismo. Lógicamente, no lo recomendaría si adentro del cucurucho pusieran una porquería industrializada llena de saborizantes artificiales. Todos los sabores se destacan por su cremosidad y consistencia, y el paladar agradece la materia prima natural. En mi opinión, el must es la "frutilla a la reina", con una fresca y delicada combinación de frutilla, crema y merengue.

Dónde: Chivilcoy 3405 (esq. Navarro), Villa Devoto.

Medalla de plata: Adaggio

Aunque tiene una simpática terracita, el fuerte de Adaggio no es seguramente el ambiente. No es que sea fulero, pero no tiene nada en particular que lo destaque por sobre cualquier café contemporáneo de esos que se multiplican por toda la ciudad. Boliche más en la onda heladería/cafetería/restaurant que curten las más importantes cadenas del ramo últimamente, cumple en casi todas las categorías, aunque la estrella es, de lejos, su razonable variedad de gélidas cremas. Productos naturales y bien consistentes, tirando a pesadones, no aptos para espíritus flojos que no pasan del helado de limón. Lo que si o si hay que probar acá es la crema de avellanas, que viene munida de grandes trozos de chocolate semiamargo. En invierno ofrecen otro highlight, que es el "gelato caldo": un chocolate espeso y bien caliente producto de derretir helado con la vaporiera de la máquina espresso.

Dónde: Av. Olazábal 5598 (esq. Ceretti), Villa Urquiza. Hace poco abrieron sucursal en Roque Pérez 3897, Saavedra.

Medalla de bronce: La Flor de Almagro

Acá no hay ni glorieta, ni café, ni nada que pueda resultar atractivo para aparecer con una fémina del brazo, a menos que la estrategia de seducción pase por irlas de genuino reo de arrabal. Se trata de uno de los últimos reductos heladeriles que no ha sucumbido a la tentación de la modernidad, ni incorporado productos esotéricos como bombones o ensaladas de rúcula. La onda es hacer el pedido en el mostrador y, con suerte, encontrar una mesita o espacio en el banco de la vereda. Quizá no sea el mejor helado de Buenos Aires, pero la relación precio-calidad es más que destacable, y la experiencia de pedirse un cucurucho de banana split y chocolate en un lugar que recuerda los históricos locales que ponían los tanos que trajeron el gelato a nuestros barrios, simplemente no tiene precio.

Dónde: Av. Estado de Israel 4727, Almagro.

Bueno, estimados, espero que las recomendaciones les hayan resultado útiles, y ya estén embuchando un cuarto de dulce de leche y menta granizada. Ci vediamo!

10 comentarios:

Roxy Indica dijo...

Querido Dr. Merengue:
si se me habrán declarado muchachos en la querida heladería Diecci! Creo que los chicos del barrio creen que una con un cucurucho en la mano accede a toda propuesta que se le haga, porque ese un lugar común de declaraciones de amor. Más que Monte Olivia, claro, por la pérgola.
Pero, perdón, leer entre sus líneas que "el MUST es la frutilla a la reina"... no, hubiera esperado que "el rey de los sabores es" o algo similar, pero "must"? Ud. está leyendo muchos fashion blogs?
Lo saludo atentamente y le agradezco el dato de la crema de avellanas de Adaggio.

Dr. Merengue dijo...

Estimada Roxy: Creo que la idea detrás de llevar una señorita a degustar un helado es que el frío que se apodera de las neuronas afloja el "si" de alguna manera. Desde ya, no es algo científicamente comprobado, pero funciona como una de esas leyendas urbanas que circulan por ahí.
Por otro lado, Diecci es definitivamente más íntimo que Monte Olivia, que suele colmarse de ruidosos púberes que vienen de circular por la Plaza Arenales y, quizá, de mandarse un pancho en Peter's.
Un corte, una quebrada y enseguida nos vemos!

Conee dijo...

En este momento muero por un cucurucho jajajaja, como todas las propuestas me quedan bastante trasmano mis heladerias favoritas son dos, la vieja el Piave en la esquina de alsina y mitre (avellaneda) y Brissari Av belgrano al 200 tambien avellaneda, son clasicas una tiene cafe y la otra no pero en las dos se puede degustar helados artesanales de lo mas rico.

Un beso Dr.

Dr. Merengue dijo...

Estimada Conee, si bien no conozco El Piave de Avellaneda, recuerdo viejas temporadas estivales en que dicha heladeria habría una sucursal en Villa Gesell. Tiempo después, supo tener otro local en la calle Salguero, cerca de la Av. Figueroa Alcorta, la cual cerró hace algunos años. En ambas se destacaba la buena calidad del producto y la originalidad de los sabores, aunque ahí también padecí una de mis mayores equivocaciones en materia heladeril, al probar la crema de arroz con leche, que fue rechazada por mi aparato intestinal con consecuencias nefastas.

¡Cordiales saludos!

La Ninia Vreeland dijo...

Querido Doctor: un placer leerlo, como siempre. Me mató con los "productos esotéricos". Cuánta razón tiene! El buen helado suele venderse en lugares que se especializan en eso, en helado y punto. Se lo dice una niña que está haciendo su tesis en la construcción social del gusto, cosa que la obliga a andar degustando por ahí...
Le tiro mi preferida? Flores, frente a la estación de Haedo. El dato me lo pasó una pastelera italiana. Soy capaz de ir desde mi bulo en Recoleta hasta allá sólo por sus helados sin aromatizantes artificiales, un lujo.

Gonzalo dijo...

Coincido con Conee. Cuando ando por los pagos sureños, LA opcion de calidad es El Piave.
Me apunto estas direcciones Dr Merengue: un helado artesanal es siempre bienvenido.

Saludos!

Julio dijo...

Mi estimado doctor, me voy a permitir recomendar dos heladerías, aunque ninguna de ambas se encuentre en Buenos Aires. La primera, en Santa Fe, es Vía Flavia. Es memorable el modo en que fabrican su mousse de limón, y la amarena, las raras veces que tienen stock, es gloriosa. Otra, en extraña ubicación: Heladería Peruggia, en la localidad de Progreso, un pueblito con muy pocos habitantes, no creo que pase de 5 mil; el dueño es también dueño de un comedor onda bodegón con una atención excelente, él mismo atiende las mesas y es totalmente divertido, tienen también el albergue/hospedaje del pueblo, y su rareza especial es el sabor "bananita dolca", en verdad, muy pero muy bien logrado, totalmente parecido a la ya extinta golosina. Cordiales (y gélidos) saludos.

Dr. Merengue dijo...

Estimada Ninia, en alguna excursión a la zona Oeste del conurbano bonaerense trataré de degustar esos helados. Si no me equivoco, el mes que viene tengo una cena de camaradería en la Sociedad Numismática de Castelar, así que puedo aprovechar la oportunidad. ¡Exitos con su tesis!

Estimado Gonzalo, no dudo que El Piave debe ser la más aquilatada heladería de zona Sur, aunque reconozco que es muy extraña la ocasión en que voy por esos pagos. Le aseguro que no se va a arrepentir con mis recomendaciones.

Estimado Ing. Julio, voy a tener que ir a Santa Fe para probar la mousse de limón de Vía Flavia, de paso puedo comprarme una caja de alfajores Merengo o cruzarme hasta Paraná para comer pacú en algún restaurant de la costanera. Por otra parte, es menester que haga una visita a Progreso para conocer al pintoresco heladero, restauranteur y hotelero que Ud. menciona. Un afectuoso saludo.

Monica dijo...

yo vivo en Recoleta buenos aires.. no sufro tanto en verano pero prefiero el invierno. por lo que siempre me voy de vacaciones a lugares mas frios

Joaquin Antonio Lazcano dijo...

Un dato para la merengada.
_agregue a su guia _paraguay y ravignani, una esquina que se las trae. Tan serca de palermo, pero tan lejos hollywood...
Bello paraje que cuenta con la heladeria capricci.
y si anda por los pagos, cruze en diagonal y no pierda la oportunidad de tomar un cafe en el Montecarlo bar.